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Presentación

 

“(…) ante todos estamos reafirmando una voluntad de vivir, reivindicando una lógica de la vida que permita reorientar la organización de la sociedad por el imperativo ético de la vida: mi vida, la vida del otro, la vida de la naturaleza externa al ser humano”

(Hinkelammert y Mora)

 

 

Después de una década en América Latina en la que confluyeron movimientos sociales con gobiernos que procuraron superar la historia de dependencia en la región, a través de su integración y la generación de un contexto favorable para la redistribución social, asistimos a lo que analistas vienen llamando el agotamiento del ciclo progresista (Svampa, 2015; Machado y Zibechi, 2016); pues dichos gobiernos, dieron continuidad al modelo de desarrollo de extracción y se quedaron atrapados en la imposibilidad de modificar las estructuras que han generado la pobreza y la miseria.


En suma, no cuestionaron un modelo de desarrollo económico y político colonial (Boaventura de Sousa, 2016) presente por más de 500 años en estos territorios, y que ha producido la devastación social y ambiental, que ha atropellado a los seres humanos y a la naturaleza. Así se pone en riesgo la permanencia de la vida en los territorios y la existencia de sus pueblos y sus culturas, generando guerras de exterminio que buscan el despojo y la eliminación de todo uso común de los bienes.

 
Ante este panorama, son las organizaciones y movimientos sociales los grandes protagonistas de un nuevo ciclo: movimientos indígenas, campesinos y afrodescendientes, movimientos urbanos territoriales, movimientos socio-ambientales, colectivos LGTBI, propuestas intelectuales, entre otros, que dan cuenta de la presencia de una pluriversidad de reivindicaciones; y aunque heterogéneas en sus demandas, transmiten una tendencia a la reafirmación de la diferencia, contribuyendo a cuestionar las dualidades construidas por el proyecto moderno/colonial y a recrear otras formas de conocer, de relacionarnos con el mundo y de hacer política. 


Como lo mencionan varios analistas latinoamericanos, tanto en los movimientos urbanos como rurales, el territorio aparece como un espacio de resistencia y también, como un lugar de resignificación y creación de estas nuevas relaciones sociales.


De ahí que y en atención al llamado provocador de la primera versión de este congreso en torno al análisis sobre las educaciones y las pedagogías otras para cuestionar ese modelo de desarrollo, en esta segunda versión titulada “Territorios y Éticas para la Vida” se propone generar conversaciones en torno a las propuestas alternativas para la sostenibilidad de la vida material y concreta en los territorios, como la ecología urbana, la defensa de los bienes comunes, las economías desde la solidaridad y el cuidado, entre otros; a la vez que se propone cuestionar el lugar que ha tenido el conocimiento y la educación como productores de fronteras geopolíticas que han configurado y dividido simbólicamente los territorios, fragmentando los saberes y sistemas culturales de pensamiento, en donde es necesario reconocer propuestas epistemológicas y educativas de frontera que visibilicen otras maneras de conocer y de habitar el mundo.

 

En otras palabras, este segundo Congreso Internacional que se desarrollará del 24 al 27 de octubre del 2017, espera seguir propiciando espacios de encuentro e intercambios en los que prevalezcan las consideraciones éticas alrededor de las denominadas alternativas al desarrollo, inscritas en las líneas de reflexión propuestas, a saber: Territorios y territorialidades en resistencia, Economías para la vida, Procesos educativos desestabilizantes y Epistemologías emergentes y de frontera.

Objetivos

 Objetivo General

 

Propiciar un espacio en el que tengan lugar los diálogos e intercambios entre intelectuales, pensadores comunitarios, educadores, activistas y comunidades, sobre las diversas maneras de ser, pensar, conocer y actuar, en el marco de las alternativas al desarrollo, que emergen como formas de resistencias y perspectivas actualizadas para recuperar el valor y el sentido de la vida en los territorios.

 

Objetivos Específicos  

 

1. Reconocer las diversas prácticas y gramáticas políticas, económicas, epistémicas, educativas y éticas, expresadas desde una multiplicidad de voces y actores, para garantizar las condiciones materiales y concretas que hacen posible la vida en los territorios. 

2. Profundizar en torno a los retos de la Educación para el Desarrollo en perspectiva  Latinoamericana, con el ánimo de seguir nutriendo su compromiso epistémico y ético.  

3. Definir estrategias de acción para posibilitar la formación de redes académicas y comunitarias que promuevan “éticas para la vida desde y para los territorios”. 

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